viernes, 15 de diciembre de 2017

Con salvamanteles....

En una salida temprana de una de nosotras con el coche, y con la consabida "caraja" (con perdón) que implica el madrugón, la susodicha equivocó el trayecto que debía coger. Cuando estaba casi blasfemando por el error cometido, sus ojos avistaron esta preciosidad en una cuba de obra. Se bajó de inmediato, dejando el vehículo en medio de la calzada, agarró el hallazgo y lo colocó sobre los asientos traseros. ¡No podía creer su suerte! 


No perdimos ni un minuto en meterle mano, y tras un suave lijado (estaba en madera vista y no necesitaba mucho más), y una capa de líquido antipolillas para evitar futuros "habitantes", aplicamos pintura a la tiza blanco roto.


Con dos manos era suficiente (la marca de pintura elegida no cubre demasiado, todo sea dicho) para lo que queríamos, pues el aspecto que íbamos a darle no requería de pulcritud.


Hace algunas noches, salimos de tapeo a un local de nueva apertura, con platos muy ricos, sí señor. Clandestino se llama. Allí nos pusieron unos cubremanteles de papel con un precioso motivo de periódico antiguo, con anucios de época. Nos faltó tiempo para decirle al dueño del restaurante si nos podría dar un par de pliegos, a lo que, por supuesto, accedió amablemente.


Aplicamos esas maravillas en el sobre principal de nuestra mesa con la técnica del decoupage, y usamos la plancha para adherir mejor (¡qué invento!).


Como queríamos dar un aspecto desgastado y muy vintage, usamos el taco de lija para  homogeneizar con la madera.


Y así quedó el sobre de nuestra esbelta mesa...


..., y los detalles del suave decapado que conseguimos en esquinas y zonas de roce natural.



Protegida para su uso por barniz y cera, quedó lista para lucir. La hemos colocado en el salón como auxiliar, pero también la imaginamos en la zona del comedor con vajilla y cristalería, o en la cocina para montar un rincón de desayuno, o como soporte para cacharros y complementos.


¡Multiusos total! Pero con mucho, mucho estilo y ese sabor que los muebles con encanto dan al hogar...


¿No creéis?





Pues con ella nos vamos un viernes más a los frugales de Marcela Cavaglieri, a compartir trabajos y muchos momentos de inspiración.

¡Feliz fin de semana!



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Tu a Nápoles y yo a Milán

A pesar de lo amigas que somos y el mucho tiempo que pasamos juntas, a la hora de viajar, y por avatares de la vida, cada una lo hace con un grupo de buenos amigos diferente. Una siempre en el puente de diciembre y la otra en el de febrero. Aunque este año, las dos hemos coincidido en fecha y país. Pero, como reza el título del post, una ha tirado "pal" norte y la otra "pal" sur. Estos viajes exprés son los que más nos gustan y nos podemos permitir... Tres o cuatro noches de hotel a lo sumo, vuelos "low cost" y a un destino directo desde Sevilla. Por supuesto, de facturar maleta, nada de nada, cada uno con su trolley de cabina reglamentario hasta las trancas, pues como siempre es invierno y suele hace un frío importante (de hecho, a una de las dos le ha caído una buena nevada en Bérgamo...), los chalecos de lana lo ocupan todo. Total, que apenas queda hueco para traer regalitos, con lo que, conseguir detallitos pequeños y que gusten, se convierte en toda una odisea... Eso sí, hay una cosa para la que siempre encontramos un rinconcito; alguna botella bonita de vidrio original o diferente, obtenida después de bebernos su contenido, y que, protegida entre bufandas y medias térmicas, termina aterrizando en España como el más valioso de los souvenirs... ¡Si es que nos conformamos con muy poco!





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Aunque, con esta selección de fotos, queda demostrado que con unas cuantas botellas de cristal, podemos conseguir rincones encantadores, ¿verdad? ¡Por algo nunca volvemos de nuestros viajes sin una nueva para la colección!



lunes, 11 de diciembre de 2017

El regreso de la gramola...

De todos es sabido, y ya escribimos de ello en su día (nuestro ya famoso "mamotreto"), que la vuelta del vinilo ha supuesto el regreso a nuestros hogares de los añorados tocadiscos... Pero hoy damos una vuelta de tuerca más, dando una paso atrás en el tiempo y recordando el origen de su antecesor. El gramófono (del griego, gamma-escritura, y fono-sonido) fue el primer sistema de grabación y reproducción de sonido a través de un disco plano. Inventado por Emile Berliner en 1887, fue el resultado de las mejoras del fonógrafo de Thomas Edison, que grababa sobre cilindro y que tenía un uso muy limitado. Estos artilugios, y sus discos de 78 revoluciones por minuto, también se han hecho usuales en algunos hogares, donde se mantienen, generalmente, por herencia. Porque, aunque la gramola no ha logrado alcanzar la buena acústica de su predecesor, su belleza supera estas deficiencias y consigue decorar con presencia y aire vintage cualquier rincón.











¿Os gustan las gramolas? ¿Tenéis alguna en casa?


lunes, 4 de diciembre de 2017

¿Una alfombra en la cocina?

Hay una detalle de algunas de las casas que vemos en blogs y revistas de decoración, que siempre nos dejan perplejas; esas cocinas engalanadas con una preciosa e impoluta alfombra frente a la zona de cocción o fregado. Y no nos estamos refiriendo a las que están ahora tan de moda, la vinílicas... Hablamos de alfombras de tejido no lavables en lavadora... ¿Cómo se concilia eso? ¡En nuestras mentes pragmáticas, en cuanto a la higiene y trabajo en el hogar se refiere, esto no cuadra! Nuestro razonamiento llega hasta el hecho de querer proteger el suelo de posibles "salpicones" de agua y aceite... Pero esos elementos se depositarán en la moqueta, y habrá que lavarla a posteriori ¿no? Y mucho más trabajoso es bregar con un tejido, que fregar el suelo con agüita caliente y jabón cuantas veces necesites, ¿a que sí? ¡Por favor, que venga alguien más listo que nosotras y nos lo explique! Para muestra, un par de ejemplos de cocinas inconcebibles...





Así pues, y viendo inviable para nuestras casas y familias esta propuesta, hemos bajado el listón y cambiado la alfombra por un pequeño felpudo que cumple la misma función protectora, es decorativo y lo mejor de todo: ¡cabe en la lavadora!










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Lo reconocemos, las dos somos muy decorativas, pero mucho más prácticas... Y no queremos en nuestras vidas ninguna propuesta que nos añada trabajo y esfuerzo... ¿O no?

Contaros, además, que nos tomamos unos días de vacaciones con motivo del puente que tenemos a la vuelta de la esquina. Y nos vamos a Italia, ¡aunque una al norte y la otra al sur! Volveremos a publicar y a estar presentes por aquí el lunes 11 de Diciembre. Hasta entonces, ¡que disfrutéis de esta semana tan especial para hacer lo que más os apetezca y haga feliz!

viernes, 1 de diciembre de 2017

¡Decapando que es gerundio!

Amparo, una joven y muy buena clienta, nos trajo dos sillas en muy mal estado que quería restaurásemos y dejáramos en madera vista,  para completar un juego para su comedor junto con las Sillas Marco Polo que nos compró a la vez.


Así que nos pusimos los guantes, cogimos el decapante y.... ¡manos a la obra!


De muchos de vosotros es sabido lo tedioso y engorroso que es decapar con ese maldito producto..., pero hay que reconocer que, después de varias capas, retirada con espátula, y lijado, daba gusto ver cómo la madera salía a la luz...


¿Veis qué diferencia? 


Poco a poco nuestro esfuerzo, que no era poco, se iba viendo recompensado cuando el color rojizo iba perdiendo cada vez más terreno y lo natural tomaba forma.


Después de decapar (¡por fín!), elegimos el tinte que aplicaríamos a las sillas, y que asemejaría a las ya mencionadas Marco Polo, según el gusto de nuestra clienta, claro está.



Hemos descubierto en este tinte la perfección, puesto que se aplica con facilidad y queda muy homogéneo, sin los consabidos excesos que otros productos dejan si se cubre una zona más que otra.


La mejora es obvia, ¿no creéis?


Pues tras tintar, barnizar y encerar, llevamos las sillas a nuestro tapicero de confianza, quien con la preciosa tela que eligió Amparo de las que teníamos en el taller, nos realizó los asientos.



En otras ocasiones, nosotras mismas tapizamos, pero esta vez la plancha de madera que hacía las veces, debía entrar por sendas ranuras laterales con precisión meridiana (nunca mejor dicho dada la tela escogida) y optamos por las manos de un profesional.



A nuestro gusto, han quedado espectaculares, y a las de su dueña, ¡también!




Lástima que vayan a su nuevo hogar, porque con nuestra Euterpe quedaban fantásticas, jeje.


Sabemos que este tipo de trabajos no son muy frugales, pero nos encanta participar en la quedada de Marcela Cavaglieri, y con su permiso, allá que nos vamos. ¡Acompañadnos!

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¡Feliz fin de semana!



miércoles, 29 de noviembre de 2017

La tinta de mis versos...

Seguro que os suena el título de nuestro post de hoy... Forma parte del estribillo de una canción famosísima de los años 90, compuesta y cantada por el grupo Complice. "Es por ti", se llama la balada, romántica donde las haya, y "culpable" de que, desde entonces, asociemos la tinta a momentos de amor... Aunque una de nosotras convive estrechamente con estas tinturas desde hace bastante más tiempo... Su media naranja escribe con pluma desde casi que aprendió. Su bonita colección de estilográficas son como una prolongación de su mano derecha. Y las usa todas, alternándolas por temporadas. Con una tinta de un color diferente cada vez. Es todo un ritual limpiar cuidadosamente el émbolo antes de cargarlo con el nuevo tono elegido, de nombres tan sugerentes como "Azul de los mares del sur ", "Mandarín" o "Púrpura sedoso". Porque no valen las tonalidades tradicionales; la busca y captura de pigmentos diferentes y especiales también forma parte del ceremonial. Momentos en los que se relaja, mientras imagina cómo quedarán palabras y croquis, indistintamente, plasmados sobre el papel con el nuevo colorido.











Nosotras, por el contrario, la tinta tan solo la usamos en bolígrafos e impresoras y, quizás, en algunos sellos de estampación... Mucho menos romántico ¿verdad?


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