miércoles, 11 de mayo de 2016

¡Lanza el sombrero!

Uno de nuestros amores decidió, hará unos dos años, usar sombrero durante los meses duros del verano, o al menos tener uno siempre a mano para momentos puntuales como un paseo por el campo, una comida en una terraza... Así que vino un día a casa con uno tipo Panamá, la mar de contento y que, además, le sentaba bien. Mientras una de nosotras le daba vueltas mentalmente al lugar donde se podría guarda el complemento, nuestro hombre rápidamente solucionó el asunto colocándolo sobre el aplique situado justo encima de su mesilla de noche. En fin, nosotras que cuidamos hasta el mínimo detalle qué ponemos en casa, que necesitamos que la armonía decorativa nos rodee sin nada que chirríe o desentone, y aquel caballero lanza al vuelo su tocado sobre la lampara como el que no quiere la cosa,  y encima ¡va y queda bien! Suerte la suya y la nuestra... Porque no merece la pena tener ni una ni dos palabras sobre cuestiones tan banales (por mucho que tengan que ver con la decoración) mientras en casa reine el equilibrio y la paz. Este toma y daca del día a día, en el fondo, es lo más satisfactorio de la convivencia de cualquier índole. ¡Y a veces depara sorpresas decorativas inesperadas!




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Y vosotr@s, ¿tenéis discusiones en casa por asuntos ornamentales?

lunes, 9 de mayo de 2016

Amor sin medida...

Una de nosotras, desde adolescente, ha tenido un sueño jamás cumplido.... ¡Tener un novio alto! Eso de empinarse para subir las extremidades superiores y abrazar por el cuello al hombre amado, y darle un beso de película es algo que en su imaginación ha quedado... ¿Qué se le va a hacer? Si la media del "españolito" ha ido creciendo a pasos agigantados (vaya los niños de hoy día...), la generación en la que nacimos no tuvo esa suerte... Y si la otra de nosotras, desde siempre, ha podido hacer lo expuesto con su, primero novio y después marido, la otra ha decidido hace tiempo no dejar de ponerse tacones para no superar al que la acompaña... Porque, el romanticismo no se basa en alturas, sino en un amor real y desprendido, en un amor sin cortapisas, en un "te lo doy todo" aunque en frasco pequeño. Igual de románticas y de "chaparras" son estas improvisadas mesitas que, como nuestros hombres (sean del tamaño que sean), tiene un lugar preferente en nuestros hogares y en nuestras vidas. ¡Toma ya, qué bonito nos ha quedado! 




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¿Son vuestros amores grandes o pequeños?


viernes, 6 de mayo de 2016

Trabajando al aire libre

En el último mercadillo al que asistimos hace unos días, tomamos la determinación de llevarnos trabajo. Son muchas horas casi de brazos cruzados, y pensamos que podría ser buena idea ir adelantando cosas, sobre todo de lijado, que luego se pone todo perdido... Así que preparamos nuestra bolsita para tal fin.


En ella va esta moldura tan peculiar, de madera maciza y que pesa lo suyo, por cierto.


Con nuestros mandiles (nos encanta la palabra) colocados,  montamos, en la trasera del puesto, un mini-taller la mar de apañado. Y lo dicho, ¡a lijar!


Y a pintar también. ¡Cuánta concentración, madre, ni cuenta se daba de las fotos!


Aquí una visual de la trasera que os comentábamos antes. A la gente le gustaba eso de vernos trabajar...


Lo bueno de las pinturas a la tiza es lo rápido que secan... Eso, y que estábamos al aire libre con una brisita divina, casi al final de la jornada ya estaba el copete listo para volver a lijar.


De regreso al taller, dimos mucha cera para terminar. ¡Qué bonito es el brillo que deja en la madera!


¡Y cómo cambia vestida de blanco!


Nos gusta cómo acompaña a esta Maternidad, pero ella sola basta y sobra para decorar cualquier pared donde se coloque... ¿No os parece?


Otro trabajo concluido y perfecto para acudir a casa de Marcela Cavaglieri. ¡Acompañadnos!

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¡Feliz fin de semana!



miércoles, 4 de mayo de 2016

¡Ordeno y (el) mando!

Que no... que no os vamos a mandar nada. Aunque esa expresión era muy  aplicable a los padres (masculinos, en caso de nuestros progenitores..., que las mamás solían mediar) imponiendo sus criterios, no es de eso de lo que vamos a hablar hoy. ¡Los mandos son nuestros protagonistas!¿Mandos? ¿Qué mandos? Pues así llamamos por estos lares a los aparatejos con los que, sin necesidad de levantarnos de nuestro asiento, manejamos la tele (u otros aparatos eléctricos) a nuestro antojo. Aún recordamos cómo nuestros padres, imperativamente (y con cariño, no lo dudamos), nos "invitaban" a levantarnos a darle volumen a la "caja tonta" o a apagarla si alguna escena era más subidita de tono de lo normal (ay, cómo nos fastidiaron esos dos rombos que catalogaban para adultos las películas y series que más nos hubiera gustado ver a nuestra infancia/adolescencia...). ¡Uy, que nos desviamos del tema! Retomemos: hoy queremos dar su sitio, y nunca mejor dicho, al mando (a distancia) o al control (remoto), que así se llama el mejor invento para evitar levantadas innecesarias. Y como dice el post, éste también necesita un orden. ¿¿Dónde situarlo para que no se pierda?? Porque mira que parece tener patitas... Recordamos un día que apareció, después de varios días de echarlo de menos, en la despensa de una de nosotras... ¡Ay, que la cabra tira al monte....! ¿Qué mejor sitio que visitar que aquel que contiene los piscolabis perfectos para ver un buen "telefilm"?






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Aunque, ahora que lo pensamos...., también está bien que se pierda de vez en cuando, porque cuando nuestros hombres lo cogen... ¡no paran de hacer "zapping"! Qué cosa más molesta.... ¿No creéis?


lunes, 2 de mayo de 2016

Momento cena...

En nuestras casas, los desayunos y los almuerzos los hacemos sentados a la mesa, una en el office de la cocina y la otra en su comedor. Pequeños momentos compartidos a diario para comenzar con buen pie la jornada, y para relatar cómo ha transcurrido la misma. Otra cosa son las cenas. El final del día pasa factura, y qué mejor modo de dar cuenta de ella que instalados confortablemente en el sofá, mientras vemos las noticias o algún capítulo de nuestras series favoritas. Pero antes hay que acomodarse... ¿A qué nos referimos? A hacer sitio, en la mesa que preside el tresillo, a bandejas, platos, la botella de agua que se termina en un pis pas y no hay quién se levante a por otra, y a que todos encontremos un hueco en ella para ser capaces de comer... Durante unos segundos, todo es un arrastra "pacá" la mesa, no te la acerques tanto que yo no llego, pues mira cómo estoy yo que no me alcanzan los brazos al plato... Menos mal que, al final, todo encaja y, entonces sí, como cada noche, podemos "engullir" nuestras viandas en paz y armonía.


Por eso, al ver estas originales mesas de centro tan fuertes, pesadas y contundentes, no hemos podido por menos que sonreírnos al pensar en los "meneos" que le dan cada día a las nuestras... Porque, ¡a ver quién es el guapo que mueve éstas con tanta alegría!







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Y vosotr@s, cómo resolvéis el momento mesita del sofá?


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